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Vivimos en una cultura que suele asociar estar ocupados con ser productivos. Saltamos de una tarea a otra, respondemos mensajes mientras escribimos correos y revisamos notificaciones en medio de una reunión. La sensación es que estamos avanzando en varias cosas al mismo tiempo.
Sin embargo, el multitasking puede generar el efecto contrario. Cuando intentamos atender diferentes actividades que requieren concentración, nuestra atención necesita cambiar constantemente de un estímulo a otro. Ese esfuerzo puede afectar el rendimiento, aumentar los errores y generar una mayor sensación de agotamiento.
Por eso, hablar de productividad no debería significar únicamente hacer más cosas durante el día. También implica utilizar mejor nuestra atención, establecer prioridades y crear condiciones que permitan completar las tareas con mayor concentración.
Comprender qué ocurre cuando hacemos multitasking es un primer paso para construir hábitos de trabajo más sostenibles, tanto a nivel individual como dentro de las organizaciones.
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ToggleAunque parezca que estamos aprovechando mejor el tiempo, nuestro cerebro no procesa múltiples tareas complejas de manera simultánea con la misma profundidad. En muchas situaciones, lo que ocurre es un cambio rápido entre una actividad y otra, conocido como task switching.
Por ejemplo, una persona puede estar preparando una presentación, recibir un mensaje, responderlo, regresar al documento y pocos minutos después revisar un correo. Desde fuera parece que está trabajando en varias cosas a la vez. En realidad, su atención está cambiando continuamente de objetivo.
Cada cambio exige recuperar el contexto de la tarea anterior: recordar qué se estaba haciendo, dónde se había quedado y cuál era el siguiente paso.
Cuando este patrón se repite durante toda la jornada, pequeñas interrupciones pueden acumularse y afectar la concentración. Además, el problema no se limita al tiempo. Cambiar constantemente de foco también puede disminuir la profundidad con la que procesamos la información.
Por eso, estar activo durante muchas horas no necesariamente significa haber realizado trabajo productivo.
El multitasking exige que nuestra atención se redistribuya constantemente. Cuando las tareas requieren razonamiento, memoria o toma de decisiones, este proceso puede aumentar la carga cognitiva.
Existen diferentes efectos asociados a esta dinámica:
La corteza prefrontal participa en funciones ejecutivas como la toma de decisiones, la planificación y el control de la atención.
Cuando realizamos actividades complejas, necesitamos utilizar estos recursos para mantener el objetivo y procesar la información relevante.
Al introducir otra tarea que también exige concentración, nuestra atención necesita reorganizarse. Por eso, alternar entre dos actividades puede sentirse rápido, pero no necesariamente resulta eficiente.
Cada cambio de foco requiere recursos cognitivos. Si esto ocurre constantemente durante la jornada, puede aparecer fatiga mental, especialmente cuando las tareas exigen análisis, creatividad o decisiones frecuentes.
Esta sensación puede manifestarse como dificultad para concentrarse, menor claridad para resolver problemas o necesidad de realizar un esfuerzo cada vez mayor para completar actividades que normalmente serían manejables.
Las notificaciones, mensajes y novedades pueden convertirse en interrupciones frecuentes. Revisar un nuevo correo o cambiar momentáneamente de actividad puede generar una sensación inmediata de novedad o avance. Con el tiempo, esto puede favorecer el hábito de buscar estímulos incluso cuando no existe una interrupción externa.
Así aparece una dinámica conocida para muchas personas: intentar concentrarse y, pocos minutos después, revisar voluntariamente el celular, el correo o alguna plataforma.
El desafío ya no consiste únicamente en eliminar las interrupciones externas, sino también en recuperar la capacidad de mantener la atención sostenida.
Aprender o comprender información requiere atención. Cuando esa atención se divide constantemente, resulta más difícil procesar con profundidad aquello que estamos leyendo, escuchando o desarrollando.
Por ejemplo, revisar mensajes mientras participamos en una reunión puede hacer que posteriormente recordemos solo una parte de la conversación.
Por eso, el multitasking también puede afectar el aprendizaje y la capacidad para retener información relevante.
Planificar, priorizar y tomar decisiones también requiere recursos mentales. Cuando gran parte de nuestra atención se consume administrando interrupciones y cambios de contexto, puede resultar más difícil decidir qué tarea merece prioridad.
Esto genera una paradoja: cuanto más intentamos atender simultáneamente, más complicado puede resultar organizar correctamente el trabajo.
Las consecuencias del multitasking en el trabajo no aparecen únicamente en la cantidad de tareas completadas. También pueden observarse en la calidad, el tiempo necesario para corregir errores y la sensación con la que terminamos la jornada.
Cambiar constantemente entre actividades puede hacer que completar una tarea tome más tiempo del esperado. Cada interrupción obliga a recuperar parte del contexto perdido antes de continuar.
Esto resulta especialmente relevante en actividades que requieren concentración profunda, como analizar información, escribir, programar, diseñar una estrategia o resolver un problema complejo.
Cuando la atención está fragmentada, aumenta la posibilidad de omitir información o realizar una acción incorrectamente. Además, corregir esos errores implica dedicar tiempo adicional.
Así, intentar ahorrar unos minutos atendiendo varias cosas simultáneamente puede terminar generando más trabajo después.
Uno de los efectos más frustrantes del multitasking es terminar el día con la sensación de haber hecho muchas cosas, pero completado pocas.
Las tareas avanzan parcialmente, aparecen nuevos pendientes y la atención permanece repartida entre múltiples asuntos. Esta dinámica puede incrementar el estrés laboral y dificultar la desconexión después de la jornada.
Las herramientas digitales han facilitado enormemente la colaboración, pero también han creado una cultura donde muchas personas sienten que deben estar disponibles constantemente.
Un mensaje aparece y parece necesitar respuesta inmediata. Llega un correo y sentimos que debemos revisarlo. Una reunión se programa en medio de un bloque de concentración y el trabajo debe interrumpirse.
Esta hiperconectividad puede hacer que la capacidad de responder rápidamente se confunda con productividad.
Sin embargo, no todas las comunicaciones tienen la misma urgencia. Responder inmediatamente puede ser necesario en determinadas situaciones, pero convertir esa velocidad en una expectativa permanente dificulta reservar tiempo para actividades que necesitan concentración.
La productividad también requiere espacios donde sea posible trabajar sin interrupciones.

Reducir el multitasking no significa ignorar responsabilidades ni trabajar en una sola actividad durante todo el día. Se trata de organizar las tareas para disminuir cambios de contexto innecesarios.
Existen distintas prácticas que pueden ayudar.
El monotasking consiste en dedicar un periodo definido a una sola actividad.
Durante ese bloque, el objetivo es reducir las interrupciones que no sean necesarias y mantener la atención sobre una tarea concreta. Esto puede ser especialmente útil para trabajos que requieren creatividad, análisis o planificación.
No todas las actividades tienen el mismo nivel de importancia o urgencia. Métodos como la Matriz de Eisenhower pueden ayudar a diferenciar qué necesita atención inmediata y qué puede programarse para otro momento.
También puede utilizarse la técnica Pomodoro, que organiza el trabajo mediante intervalos de concentración y pausas. La herramienta elegida es menos importante que el principio detrás de ella: definir qué vamos a hacer antes de comenzar.
Silenciar notificaciones durante determinados momentos puede reducir interrupciones.
También es posible establecer horarios específicos para revisar el correo o los mensajes, siempre que las características del puesto lo permitan.
El objetivo no es desconectarse completamente, sino evitar que cualquier estímulo tenga automáticamente prioridad sobre la tarea que estamos realizando.
La capacidad de concentrarnos también puede fortalecerse. Prácticas como la meditación o el mindfulness pueden ayudar a desarrollar una mayor conciencia sobre cuándo nuestra atención comienza a desviarse.
Pero entrenar la concentración también puede comenzar con algo más sencillo: acostumbrarnos progresivamente a realizar una actividad sin revisar otros estímulos.
No todas las tareas requieren el mismo nivel de concentración. Responder algunos correos puede realizarse en un bloque relativamente corto, mientras que desarrollar una estrategia puede necesitar un periodo más extenso sin interrupciones.
Organizar la agenda considerando estas diferencias permite proteger los momentos en los que necesitamos mayor capacidad cognitiva. Una alternativa es agrupar actividades similares.
En lugar de revisar el correo cada vez que llega un mensaje, se pueden establecer determinados momentos para responder varios correos juntos. Lo mismo puede aplicarse a tareas administrativas o coordinaciones que no necesitan atención permanente.
Esta organización reduce los cambios de contexto y permite utilizar los periodos de mayor concentración para las actividades que realmente los necesitan.
Combatir el multitasking no depende únicamente de la disciplina individual. La cultura organizacional puede convertirse en un aliado o en una fuente permanente de interrupciones.
Las organizaciones que valoran la rapidez y la disponibilidad constante pueden reforzar, incluso sin proponérselo, hábitos que dificultan la concentración.
Por eso, mejorar la productividad también implica revisar cómo trabaja el equipo.
Las empresas pueden incentivar que los colaboradores dediquen periodos determinados a tareas que necesitan concentración.
Esto implica comprender que una persona que no responde inmediatamente un mensaje puede estar realizando un trabajo importante que requiere atención.
Establecer bloques sin reuniones puede facilitar el trabajo profundo.
Estos espacios permiten desarrollar tareas complejas sin tener que reorganizar constantemente la atención alrededor de reuniones distribuidas durante toda la jornada.
Comprender cómo funcionan la atención y los cambios de contexto ayuda a que los equipos puedan organizar mejor su trabajo.
Las capacitaciones pueden incorporar herramientas para priorizar, administrar interrupciones y construir rutinas de productividad sostenible.
Las reglas pierden efectividad cuando el comportamiento de los líderes comunica algo diferente.
Si un equipo recibe mensajes constantemente fuera de horario o si cualquier comunicación parece necesitar una respuesta inmediata, será difícil construir una verdadera cultura de concentración.
Cuando los líderes priorizan, respetan los tiempos de trabajo y evitan interrupciones innecesarias, ayudan a establecer nuevas expectativas.
No todo necesita enviarse por el mismo canal ni requiere el mismo tiempo de respuesta.
Definir qué herramientas deben utilizarse para temas urgentes y cuáles para comunicaciones que pueden esperar ayuda a reducir la sensación de que todo necesita atención inmediata.
Las reglas claras permiten que los colaboradores sepan cuándo realmente deben interrumpir una tarea.
Durante mucho tiempo, ser capaz de atender múltiples tareas simultáneamente pudo percibirse como una habilidad profesional deseable.
Sin embargo, la productividad laboral no depende de mantener la mayor cantidad posible de actividades abiertas, sino de conseguir que las tareas importantes avancen con la calidad necesaria.
Reducir el multitasking no significa trabajar más lento. Significa decidir conscientemente dónde colocar nuestra atención. Esto requiere hábitos individuales, pero también entornos laborales que permitan aplicarlos.
Una persona puede intentar organizar su jornada perfectamente, pero tendrá dificultades si recibe interrupciones permanentes o trabaja dentro de una cultura donde todo se considera urgente.
Por eso, mejorar la concentración es una responsabilidad compartida.
El multitasking puede generar una sensación de velocidad porque mantiene nuestra mente constantemente ocupada. Pero estar ocupados y avanzar no son necesariamente lo mismo.
Cuando reducimos los cambios innecesarios de atención, podemos dedicar más recursos a comprender problemas, tomar decisiones y completar las tareas con mayor profundidad.
Esto no significa que todas las interrupciones puedan eliminarse. Existen trabajos donde responder rápidamente forma parte de la función y situaciones inesperadas que requieren cambiar prioridades.
La diferencia está en evitar que la interrupción se convierta en la forma habitual de trabajar.
A nivel individual, herramientas como el monotasking, la priorización y los bloques de concentración pueden ayudar a recuperar el foco. A nivel organizacional, proteger tiempos sin reuniones, establecer reglas de comunicación y liderar con el ejemplo puede crear condiciones más favorables.
Un entorno que respeta la atención no solo puede favorecer la productividad. También puede reducir la sensación de saturación y permitir que las personas terminen su jornada con una percepción más clara de avance.
Porque trabajar mejor no consiste en intentar hacer todo al mismo tiempo, sino en saber qué merece nuestra atención en cada momento.
Mentor experto en Talento Humano. Con gran experiencia ayudando a las empresas a fortalecer las soft skills de sus colaboradores a través de la psicología; mejorando su bienestar y desempeño.